Nevendaar siempre ha sido un mundo construido sobre sombras, traiciones y decisiones que pesan como armaduras oxidadas. Disciples: Domination regresa a ese terreno conocido quince años después de los sucesos de Liberation, con Avyanna al frente de un reino que se resquebraja y promesas de una trilogía que apenas comienza a tomar forma. La pregunta que flota en el aire oscuro de esta nueva entrega no es si el juego tiene ambición —la tiene—, sino si logra cumplirla con la solidez que sus seguidores merecen.
Una Corona Fracturada, una Historia Divisiva
La narrativa sitúa al jugador en un Nevendaar donde la tiranía divina ha sido derrocada, pero la anarquía llena ese vacío con la misma crueldad. Avyanna, ahora reina, se convierte en árbitro de conspiraciones que brotan en cada rincón del mapa. Los temas de poder, traición y culpa colectiva están presentes con sinceridad, y el mundo transmite esa sensación de que cada alianza es una trampa disfrazada de oportunidad.
Sin embargo, quienes lleguen con la memoria fresca de Liberation notarán que la construcción de mundo no avanza con la misma valentía que antes. Hay una dependencia excesiva en las referencias a la entrega anterior, como si el juego prefiriera mirar hacia atrás en lugar de trazar su propio camino. La actuación de voz, en varios momentos clave, carece de la emoción que exigen escenas que deberían golpear con fuerza. Para los recién llegados a la franquicia, en cambio, la historia funciona como un punto de entrada sólido a un universo de fantasía oscura donde las decisiones tienen consecuencias reales y la reputación de la protagonista se moldea acto tras acto.
«El mayor problema de Domination no es lo que cuenta, sino lo que decidió no heredar: la profundidad emocional de sus nueve compañeros se ha reducido a cinco, uno por facción, dejando un silencio narrativo que duele más que cualquier derrota en combate.»
El Campo de Batalla: Innovación con Sombra de Monotonía
El núcleo del juego combina exploración en tiempo real con combate por turnos sobre cuadrículas, una fórmula que la serie domina desde hace años. La novedad más interesante de esta entrega es el sistema de push and pull: la posibilidad de empujar y atraer enemigos hacia trampas ambientales genera momentos genuinamente tácticos que rompen la previsibilidad de los turnos. A esto se suman sinergias entre unidades y eventos dinámicos en el campo que buscan que ninguna batalla se sienta idéntica a la anterior.
El equilibrio entre facciones ha recibido una revisión notable. Los Clanes de la Montaña vuelven con identidad propia; los Elfos ya no cargan con la etiqueta de facción débil; los No Muertos han sido ajustados, aunque su molesta habilidad de resucitar unidades que bloquean el paso sigue generando más frustración que admiración. El problema aparece pasadas las primeras horas: una inteligencia artificial que rara vez sorprende, enemigos que se repiten con demasiada frecuencia y batallas que comienzan a sentirse como una obligación en lugar de un desafío durante una campaña de entre 30 y 40 horas. La sensación de déjà vu se instala y no abandona el salón del trono fácilmente.
Para los completistas, el sistema de Niveles de Tropas añade una capa de profundidad interesante: el logro «Revenge of the Meek» exige derrotar a una unidad de Nivel IV utilizando exclusivamente una de Nivel I, lo que obliga a dominar cada estadística y aprovechar cada sinergia disponible.
Aquí un vistazo al gameplay del juego.
Gestión del Reino y la Moneda de la Reputación
Desde la capital de Yllian, el jugador administra recursos y recluta tropas de cinco facciones distintas. Una decisión de diseño acertada es tener todos los edificios de cada facción disponibles simultáneamente en la ciudad, lo que elimina la fricción de gestión que afectaba a entregas anteriores. La reputación funciona como la verdadera moneda política del juego: cada vínculo que Avyanna forja con una facción determina qué puertas se abren y cuáles permanecen cerradas, añadiendo una capa estratégica que va más allá de la simple acumulación de recursos.
El punto débil de este sistema es que la reputación puede gestionarse de forma casi mecánica, comprando aprobación en lugar de ganársela mediante decisiones narrativas de peso. La campaña, además, resulta más lineal que la de Liberation, y la eliminación de la elección de ubicación inicial recorta esa sensación de mundo abierto que muchos fans esperaban encontrar de regreso.
Un Lanzamiento que Llegó con Demasiado Barro en las Botas
La atmósfera visual de Domination es uno de sus activos más sólidos: la iluminación dramática y la paleta de colores terrosos refuerzan un mundo donde la oscuridad no es decorativa sino estructural. La banda sonora cumple con melodías que acompañan los momentos de mayor tensión sin eclipsar el sonido ambiente, ese murmullo constante que recuerda que Nevendaar está vivo y respirando.
Pero el lanzamiento llegó con errores que no deberían haber superado el proceso de control de calidad. En PlayStation 5 Pro se reportaron caídas hasta los 30 FPS que solo se corregían reiniciando el juego cada media hora. En PC, bugs impedían desequipar armas, habilidades como el drenaje de vida de Ejamar no funcionaban según su descripción, y personajes quedaban congelados en el menú del trono. Artefacts Studio respondió con rapidez lanzando la Actualización 1.1 apenas un día después del estreno para corregir marcadores de misiones, errores de localización y problemas de navegación. La velocidad de reacción es encomiable; el hecho de que fuera necesaria en esa magnitud, no tanto.
Veredicto Final
Si eres nuevo en la franquicia, Disciples: Domination ofrece un RPG táctico con personalidad, atmósfera inigualable y suficiente profundidad mecánica para entretener durante decenas de horas. Si vienes de Liberation esperando la misma libertad emocional y narrativa, es probable que el camino hacia la victoria te deje más de una herida sin sanar. Esta es una entrega que juega a ganar sin apostar todo lo que tiene.
Lo mejor: atmósfera oscura muy lograda · sistema push and pull que aporta dinamismo · accesible para nuevos jugadores · mejor equilibrio entre facciones · parche day-one comprometido.
Lo peor: reducción de nueve a cinco compañeros · bugs de rendimiento en consolas y PC al lanzamiento · combate monótono en la segunda mitad · campaña más lineal sin libertad de elección inicial.
