Simon the Sorcerer Origins — Un regreso sólido que no olvida sus raíces | Reseña

Hay franquicias que parecen desaparecidas para siempre, y entonces aparecen de la nada para recordarte por qué las amaste. Simon the Sorcerer Origins llega más de treinta años después del debut del irascible mago adolescente para ofrecernos algo que pocos esperaban: una precuela con corazón, humor y, sí, también con los vicios que definieron al género en la era dorada de las aventuras gráficas.

El desarrollo corre a cargo del estudio italiano Smallthing Studios, publicado por ININ Games, y la propuesta es clara desde el principio: esto es un juego hecho por fanáticos, para fanáticos, sin concesiones innecesarias al público casual.


Una historia de origen que encaja (más o menos)

La trama sitúa a Simon unas semanas antes de los eventos del juego original de 1993. El chico es un estudiante problemático, malhumorado y con un expediente académico desastroso, que se ve obligado a mudarse con su madre a una nueva casa. Antes de que pueda quejarse demasiado, una luz púrpura lo arrastra a un mundo de fantasía donde el mago Calypso le anuncia que es el elegido de una antigua profecía. El clásico punto de partida del “chico que no quiere ser héroe” funciona bien en este contexto, potenciado por el humor referencial del juego y sus constantes ruptura de la cuarta pared.

La apertura del juego, que arranca con Simon en el asiento trasero de un auto escuchando su Walkman mientras suena Together Forever de Rick Astley, establece el tono con una mezcla perfecta de nostalgia y absurdo. Es exactamente el tipo de detalle que hace que los veteranos de la franquicia sonrían de inmediato.

El riesgo narrativo de ser una precuela queda expuesto rápidamente: el juego original dejaba claro que Simon llegaba al mundo mágico por primera vez, lo que obliga a este título a hacer algunos malabarismos argumentales para justificar su existencia. Lo logra, aunque de manera un poco torpe. Para los veteranos de la franquicia, eso podría resultar irritante; para los recién llegados, probablemente pasará desapercibido.


El humor británico sobrevive (y Chris Barrie también)

Uno de los mayores aciertos del juego es la preservación del humor seco y cínico que definió a Simon desde sus inicios. El personaje sigue siendo ese adolescente insoportable y brillante que cuestiona cada convención del género, incluyendo, con gran autoconciencia, la necesidad de su propia historia de origen.

El regreso de Chris Barrie —el inmortal Arnold Rimmer de Red Dwarf— como voz de Simon es un triunfo. Las actuaciones de voz son excelentes, con Barrie destacando de forma notable en el papel. Su capacidad para canalizar la insolencia de un niño de once años siendo un hombre que ya ronda los sesenta es, cuanto menos, admirable. El elenco de apoyo también cumple, aunque algunos críticos señalan que ciertos personajes secundarios —como el villano Sordid— podrían haberse beneficiado de actuaciones más exageradas y teatrales.

El guión incluye referencias a Game of Thrones, Dungeons & Dragons y múltiples guiños a los juegos originales que harán las delicias de los seguidores de la primera hora. Hay momentos que generan carcajadas genuinas, especialmente en los diálogos más absurdos y en los comentarios de Simon dirigidos directamente al jugador.

Simon the Sorcerer Origins

Un salto visual radical y valiente

El cambio más polémico —y también el más impactante— es el abandono del pixel art clásico en favor de un estilo de animación dibujado a mano, inspirado en el Renacimiento de Disney y los dibujos animados de los 2000. El equipo de arte contó con la colaboración de artistas que trabajaron en la película animada Klaus (2019), y se nota: los entornos son vibrantes, las animaciones son fluidas y el conjunto tiene una calidad cinematográfica innegable.

Los interiores son especialmente detallados y cargados de personalidad. Los exteriores, por su parte, pueden resultar algo menos elaborados en comparación, aunque el conjunto general es visualmente sólido. Para quienes crecieron con el pixel art original, este nuevo estilo puede no ser de su agrado, aunque es difícil negar que Smallthing Studios apostó fuerte y con criterio.

Un detalle encantador: una vez que Simon obtiene su varita, es posible transformarlo en su versión de pixel art original. Un guiño generoso a los puristas que, eso sí, puede volverse molesto si se activa accidentalmente durante la resolución de puzzles.


Jugabilidad moderna con alma clásica

Smallthing Studios tomó decisiones inteligentes para modernizar la experiencia sin traicionar su esencia. El sistema de verbos de los originales ha sido reemplazado por interacciones contextuales de un solo clic, lo que agiliza el ritmo sin eliminar la profundidad. El diario mágico de Simon, que registra objetivos e incluye un mapa para el viaje rápido, es una adición pequeña pero que hace una diferencia real en la experiencia.

Los jugadores de consola tienen la opción de controlar a Simon directamente con el joystick —similar al sistema de Return to Monkey Island (2022)—, una alternativa muy recomendada para quienes no están acostumbrados al puntero tradicional.

La novedad más interesante es el sistema de hechizos elementales (fuego, hielo y aire), que permite interactuar directamente con el entorno para resolver acertijos. El sistema del sombrero mágico como inventario, que permite cambiar el tipo de sombrero para alterar las propiedades de los objetos guardados, es una idea creativa que, según varios críticos, no llega a explotarse todo lo que podría.


Los puzzles: el gran punto de división

Aquí es donde Simon the Sorcerer Origins genera las opiniones más encontradas. Muchos acertijos están bien diseñados y son lógicos, pero los más difíciles resultan especialmente frustrantes precisamente por eso: cuando la mayoría funciona, los que no funcionan se sienten como una traición.

Un ejemplo representativo: para resolver un puzzle se necesita una pluma mojada en tinta, lo cual tiene sentido. Lo que no resulta evidente es que el pez sepia del inventario está lleno de tinta, algo que requiere conocimientos de ictiología para deducir sin ayuda externa. Ese tipo de lógica arcana, heredada directamente de los años 90, puede ser encantadora o desesperante según el tipo de jugador.

El problema mayor es la ausencia total de un sistema de pistas. La falta de un sistema de ayuda y la presencia de puzzles demasiado crípticos hacen que la experiencia sea más frustrante de lo necesario en ciertos momentos. En una era en la que prácticamente toda aventura gráfica moderna ofrece algún tipo de orientación contextual, esta decisión de diseño se siente como una omisión deliberada que no todos celebrarán.

A esto se suma un nivel considerable de retroceso entre zonas, que alarga artificialmente una aventura de entre 6 y 10 horas dependiendo de cuántas veces el jugador se quede atascado.


Veredicto

Simon the Sorcerer Origins es un título hecho claramente para los amantes de las aventuras gráficas al estilo LucasArts, y no hace ningún esfuerzo por disimularlo. Esa es, al mismo tiempo, su mayor virtud y su limitación más evidente.

Si creciste con Monkey Island, Day of the Tentacle o el Simon original, encontrarás aquí un regreso lleno de afecto y cuidado por la franquicia. El humor funciona, el apartado visual sorprende, la música orquestal eleva cada escena y Chris Barrie demuestra que algunos personajes no envejecen. Se siente como un juego hecho por personas que amaron los originales, y eso se nota en cada detalle.

Si, en cambio, prefieres aventuras modernas con sistemas de ayuda, lógica abierta y diseño accesible, las partes más obtusas del juego pueden sacar lo peor de ti.

Simon ha vuelto. Con magia, con sarcasmo y con algún que otro puzzle que te hará hablar solo. Bienvenido de vuelta.

Nota: 7.5 / 10


Reseña basada en la versión de Xbox. Simon the Sorcerer Origins está disponible en PC (Steam), PS4, PS5, Xbox One, Xbox Series X|S y Nintendo Switch.

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